Psicologia infantil para videojuegos (y su realización)

Buenas! Yo otra vez. En esta ocasión les quería contar que, a lo largo de mi carrera como programador de videojuegos, me interese por diversas áreas relacionadas siempre con la intención de afianzar el conocimiento obtenido y mejorar la calidad de los productos en los que participo.

Creo yo, y así me lo inculcaron en mi educación, nunca esta de más el saber. Habiendo dicho esto, Internet es la cuna del saber del nuevo siglo y por este motivo deseo compartir con uds, y con todo el que desee una breve observación que hice cuando era mas joven sobre psicología infantil (ayudando a mi hermano Daniel en su tesis para la Universidad de Buenos Aires.

Igual, tonton, si estabas esperando una reseña sobre los nuevos juegos que nos invaden dia a dia no desespereis que junto a mi roommate Rosario Diaz vamos a estar siempre innovando sobre las fructiferas y nuevas formas de diversion. Obviamente, apoyando la industria nacional, no faltarán criticas (constructivas, claro esta) a juegos de nuestro pais y de paises de habla hispana en general.

Me parece fundamental el estudio de la psicologia infantil para observar como repercute en los niños de distintas edades los distintos estimulos a los que los exponemos al dejarlos jugar largas cantidades de tiempo frente a una pantalla. Por este mismo motivo no debemos olvidar nunca en las distintas etapas de realización de un videojuego a quien esta dirigido y como afectará en su aprendizaje la distinta información que se esta entregando.


 

Registro de la observación

Hora de inicio: 17: 22 hs.

Llegamos al edificio de Matías. Caminando por la calle conjeturamos sobre la posibilidad de una zona ruidosa, ante la presencia de ciertas avenidas muy transitadas. Esta fue quizá la característica más sobresaliente a la que pudimos atender. Al tocar el portero, bajan a recibirnos la madre, Matías en brazos y su hermana mayor de 5 años. Él estaba vestido con una polera blanca, jogging azul y sin zapatillas (con medias). Ya ingresando al departamento pudimos notar que era de un considerable tamaño, relativamente extenso. Una vez adentro, a unos metros de la puerta nos topamos con el cochecito de Matías. El departamento estaba sobriamente decorado, con paredes blancas. Por un pasillo central, que poseía varios cuadros de fotos de los padres con él y su hermana, nos condujeron a la habitación de los niños. En el camino pudimos apreciar una sala de estar que sólo disponía de un televisor y un sillón, sala que al cabo de unos segundos de haber ingresado todos juntos ya alojaba a la hermanita viendo los canales para niños. Previo a llegar a la habitación pasamos por un living-comedor integrado, que albergaba por un lado una mesa familiar, y por otro tres sillones volcados hacia un equipo de audio. Además, el mismo también poseía distintos cuadros con fotos del casamiento y de la familia. Una vez llegados a la habitación, la madre ubicó a Matías en el piso, quien, hasta ese momento, había estado en brazos desde nuestro arribo. El cuarto era colorido, había dos camas, muchos juguetes organizados en cajones, y un armario. Al sentar a su hijo, la madre nos dice irónicamente: “ahora ustedes tienen que hacerse cargo”. Posteriormente se retira de la habitación. Matías entonces se desplaza debajo de la cama de la hermana arrastrándose (apoya las rodillas y la barriga sobre el piso y se impulsa con ambas manos) y toma un canasto de plástico con juguetes. Primero quita del canasto un librito y lo deja en el piso, luego toma un autito (con la totalidad de su mano) y con este se retira inmediatamente del cuarto caminando.

Su caminar carecía considerablemente de equilibrio, lo hacía con cierta inestabilidad. A pesar de esto, podía notársele cierta velocidad al desplazarse por esta vía. Le lleva entonces el auto a su madre, que se encontraba en el cuarto próximo.

Le muestra el juguete y a continuación se dirige hacia la cocina quedándose con este. Se apoya en una silla que queda a su altura y reposa por unos segundos el autito en ella. Vuelve a tomar el juguete con la totalidad de su mano, y luego parte hacia la sala de estar donde, como dijimos, se encontraba la hermana viendo televisión. El niño con el autito juega a apoyarlo en el mueble donde esta acomodada la T.V. En un momento interrumpe su acción y rápidamente se dirige hacia un enchufe, desconectando una lámpara. La madre lo toma en brazos y le llama la atención. Toma a Matías con sus brazos, lo carga y lo lleva al living-comedor, reubicándolo aquí. El niño, que era todavía poseedor del autito, comienza a gatear, en un momento se para, se resbala y cae en el piso. Comienza a llorar por el duro golpe, viniendo entonces la madre, que lo alza para calmarlo. Ella nos dice: “no se preocupen, le pasa todo el tiempo”. Una vez que deja de llorar, lleva a Matías de nuevo a su cuarto. Otra vez aquí, él se dirige nuevamente al canasto de juguetes, que en un principio había sacado debajo de la cama. Toca un par de juguetes, pero sin embargo se queda con el auto que nunca soltó y se retira nuevamente de la habitación con este último en su mano. Mientras camina comienza otra vez a llorar. La madre vuelve a asistirlo, le da una galletita (con la excusa de que quizá tenía hambre) y para que se calme le propone a su hija que juegue con él. El niño toma la galleta con la mano derecha, oponiendo el dedo índice al pulgar, comienza a darle pequeños mordiscos y finalmente cesa el llanto. En este momento, con marco nuevamente en la habitación, ambos niños se sientan en el piso y comienzan un nuevo juego que es escogido y presentado a Matías por la hermana. A causa de nuestro desconocimiento del mismo, podemos decir que consistía básicamente en colocar 4 aros de distintos colores y tamaños en una base de forma cilíndrica. El niño toma tres aros con la totalidad de su mano y los coloca sin dificultad. Se queda observando cómo juega la hermana con otros objetos mientras él termina de comer la galleta. Luego, intenta colocar el cuarto aro pero no puede (este aro es el más pequeño de todos). Primero se lo queda en la mano y luego de unos segundos lo apoya en el piso.

Saca el tercer aro, que sí había podido colocar, y juega con la hermana a golpear la base del juego. Esto provoca la carcajada de ambos por unos minutos, cuando finalmente vuelve a colocar el tercer aro en la base. A continuación parece elegir otro juguete de la caja, que poseía forma de manzana con diferentes teclas que producen sonidos. Toca una de las teclas y luego lo toma con toda su mano, mientras con la otra intenta colocar el cuarto aro en la base. La hermana le presenta ahora otro juego, el cual tiene una base con agujeros de distintas formas (estrellas, círculos, cuadrados, entre otras). Cada agujero tiene su correspondiente pieza que debe ser colocada en él con un martillito. Matías suelta la manzana que hasta ese momento sostenía y comienza a jugar con este nuevo elemento.

Primero observa a la hermana hacerlo, le divierte y se ríe. Toma entonces el martillito con la mano y golpea la base del juego. Toma después algunas de las piezas e intenta colocarlas cada una en su agujero correspondiente, sin dejar de usar el martillo. Comienzan ahora a jugar con las formas (sin utilizar la base), y la hermana ubica las mismas sobre la cabeza de Matías, riendo ambos. Luego, ella con sus dedos empuja desde abajo de la base las piezas ya colocadas para que estas “salten” de sus agujeros, mientras el niño riendo busca las piezas que han sido quitadas de la base.

Posteriormente, la hermana se retira de la habitación. Matías se para; podemos apreciar que se le está cayendo un poco de baba. Se dirige hacia el living-comedor, donde halla un librito de juguete con dibujos de animales. Toma el mismo con la totalidad de su mano, y lo apoya sobre una mesa ratona, quedándose parado mientras lo contempla. Rápidamente, vuelve a tomarlo y se encamina hacia un sillón, donde ahora ubica el libro pasando una por una las hojitas. Segundos después, con dificultad logra subirse al sillón, se sienta y comienza nuevamente a ojear el librito. Ahora lo deja de lado, se acuesta boca abajo riendo. Vuelve a tomar la posición anterior y comienza a pegarle con la palma de su mano a la ventana ubicada detrás del sofá. En ese instante vuelve la hermana a la misma habitación, le hace algunas morisquetas y el pequeño se ríe. Se ubica nuevamente boca abajo y su hermanita sube al sillón con él. Matías le tironea de la ropa de la hermana y comienza a sollozar por unos segundos.

Luego se vuelve a incorporar y queda sentado palpando el libro, dándole pequeños golpecitos mientras ve cómo la hermana que ha llevado el almohadón del sillón al otro extremo de la misma habitación, lo tira en el piso y hace una especie de cama.

Matías observa esa acción, ríe y se desplaza hacia donde ella está, sin perder el librito de sus manos. Baja del sillón y va a jugar con la hermana. Ambos se tiran sobre el almohadón, la niña comienza a saltar sobre él. Mientras, el niño se sienta y, primero, se mete la punta del librito en la boca, y luego ríe viendo a la hermana saltar en el almohadón. La niña sigue haciendo lo mismo, pero él comienza a observar uno de los cuadros portadores de fotos familiares (una foto en la que están los cuatro). Se para (apoyando una de sus manos sobre el piso como ayuda para poder levantarse), quedando de esta manera el portarretratos a su altura, y con el dedo índice señala la foto durante unos segundos. Luego se dirige caminando hacia el sillón y se acuesta en él quedando con la cabeza mirando del lado del vidrio en el cual se refleja su figura. En su mano derecha Matías sigue sosteniendo el libro y con su mano izquierda golpea el vidrio con su palma cuatro veces. Se baja del sillón y se ayuda con la mesa ratona a mantenerse parado, hace unos pasos y se cae. Inmediatamente se para y sigue a la madre que está levantando el almohadón que había quitado la hermana de su lugar.

Se sienta en el piso y la hermana arroja al aire las formas del juego que habían compartido en un principio, reaccionando el pequeño con carcajadas y comenzando él a hacer lo mismo, es decir, también arroja las formas al aire. Aunque ríe y observa a la hermana, destacamos que nunca deja de pasar las hojas del libro que sostiene con sus manos. Con la pared como apoyo se levanta y va caminando hacia la sala de estar en la cual la hermana había estado viendo televisión.

En el camino cae nuevamente y se va arrastrando hasta el sillón de la sala, sube a este y se queda sentado. La televisión seguía prendida. Mientras Matías mira los dibujitos animados que pasaban, seguía con el libro en la mano corriendo las páginas. Hace esto durante aproximadamente un minuto, hasta que toma el control remoto que se encontraba a su lado, aprieta un botón y se apaga la televisión. La hermana, quien se había integrado a lo que él estaba haciendo, le quita el control y la vuelve a prender. El niño mientras observa la televisión continua pasando las hojas del libro con ambas manos, lo abre y lo cierra varias veces, lo da vuelta, sin dejar de sacar sus ojos del aparato.

Luego de un rato, baja del sillón y caminado se dirige hacia la mesa en la que está apoyada la T.V. Toma el control remoto que la hermana había dejado ahí y sosteniéndolo con una de sus manos lo observa durante unos segundos, hasta que la hermana nuevamente se lo arrebata. Matías intenta subirse al sillón mientras continuaba con el librito en sus manos. Sube una de sus piernas pero inmediatamente la baja y vuelve a encaminarse hacia la mesita de la televisión. Es ahí cuando pierde el equilibrio y cae bruscamente al piso, golpeándose fuertemente la cabeza. Ante el golpe llora con intensidad. La madre lo alza, lo lleva a su cuarto y lo sienta en el piso al lado del canasto de juguetes. Sigue llorando a pesar del consuelo de la madre, hasta que ella le da otra galletita, la cual el pequeño acepta satisfactoriamente, tomándola al igual que como lo hizo con la primera, y comienza a comerla, dejando de lado el llanto. Posteriormente, la madre le alcanza el librito que en la caída Matías perdió. Sostiene él con la mano derecha el libro y con la mano izquierda la galleta que come. Luego de unos segundos intercambia de mano ambos objetos. Con la derecha sostiene la galletita, y deja en el piso el libro. Mete la mano izquierda en el canasto de mimbre con juguetes que su madre le aproximó. El pequeño primero toma con toda la mano un sonajero, agitándolo dos, tres veces, y luego lo deja a un costado. Después toma un peluche de la misma forma, lo quita del canasto y lo deja junto al juguete anterior. Mueve un par de juguetes dentro del canasto, y finalmente parece escoger una pelota pequeña de plástico roja. Primero la golpea contra el canasto, y luego contra el piso varias veces. Deja luego de hacerlo por unos segundos para comer la galletita que seguía sosteniendo con su mano derecha. Vuelve a golpear la pelota contra el piso unas cuantas veces. Sin embargo, acto seguido se la lleva a la boca, la chupa, intenta morderla, y la vuelve a introducir al canasto de donde la había sacado. La deja allí pero inmediatamente la vuelve a tomar. Mientras la saca le da otro mordisco a la galleta. Cuando retoma la pelota la vuelve a golpear contra el canasto y nuevamente se la lleva a la boca. Seguidamente, con la galletita todavía en su mano derecha y la pelota en la mano izquierda, se para y se retira de su habitación. Se va caminando hacia la cocina, y en el recorrido termina de comer la galleta. Entra aquí, golpea la pelota sobre una silla y comienza a sollozar.

De esta forma, por el tiempo transcurrido y el cansancio del niño damos por finalizada la observación.

Hora de finalización: 17: 58 hs.


 

Breves consideraciones sobre la observación

Realmente nos sentimos muy cómodos. En ningún momento fueron limitados, cuestionados o siquiera consultados nuestros pasos en la observación (ya comunicados). Pudimos trabajar tranquilamente sin oposición alguna. La madre, que fue el adulto responsable del niño durante nuestra presencia, nos facilitó completamente la tarea interviniendo poco, tal como se le fue solicitado. Sus motivos de intromisión fueron completamente comprensibles, antes las distintas caídas de Matías que provocaron su llanto. Lo que nos llamó un poco la atención fue, por un lado, la buena relación de Matías con su hermana, quien a partir de la proposición de su madre estuvo totalmente dispuesta a entretener a su hermano, pudiéndosela notar incluso muy divertida en distintos pasajes de la observación. Otra cuestión que nos llamó la atención, pero más relacionada al entorno, fue la ausencia de televisores o computadoras en lugares de la casa que nuclean a la familia, tales como la cocina o el living-comedor. Había un salón especialmente dedicado a la televisión, que por lo que pudimos ver era la única de la casa.

Más allá de esto, creemos que la observación pudo realizarse cuasi satisfactoriamente, siendo las caídas de Matías un poco motivo de preocupación disparando la duda en nosotros sobre la posibilidad de intervenir ante lo chocante y demandante de tales situaciones.

 

 

 

Final Fantasy Record Keeper – ¿Sería algo sin la nostalgia?

Ya todos saben que el Final Fantasy Record Keeper es un éxito en ámbito mobile, pero la pregunta que nos hacemos es ¿por qué?

Vamos a explicar un poco de qué va. El juego trata de revivir escenas icónicas de los juegos de la serie Final Fantasy, mientras que con cada nivel que avanzamos vamos consiguiendo items, equips, y personajes de cada mundo, representado con un número romano (dejo a criterio del lector adivinar qué significa cada uno). Cada nivel es una serie de peleas, todas contra monstruos salidos del juego correspondiente, que tienen los mismos ataques y habilidades que tenían originalmente. Genial no? Más vale que va a llenarse de usuarios, es el juego ideal para los fanáticos! Bueno, no tanto…

Ni olvido ni perdón

No hay que olvidar el Final Fantasy All The Bravest (ATB, jo, jo). Ese juego, hecho por la gente de BitGroove es el ejemplo de como arruinar la mejor oportunidad de entrar en el mercado mobile. Lleno de microtransacciones, personajes sin diferencias, y falto de alma por decirlo suavemente, explica por qué no hay que confiarse sólo de un IP.

Llenos de desesperanza fue que nos enteramos que Square iba a lanzar un segundo intento, como pidiendo otra oportunidad… pero en conjunto con DeNA, los dueños de Mobage, responsables por una tonelada de juegos horrendos que arruinaron el concepto de free-to-play.

El fanático de Final Fantasy promedio hizo lo siguiente:

  1. Perdió la esperanza en la humanidad
  2. Entró a este sitio
  3. Se compró la mejor mochila táctica y una carpa
  4. Se mudó a los Alpes Suizos
  5. Se volvió un hermitaño

Pero luego el juego fue lanzado, y sorpresivamente, no fue horrible. Parecía que habían solucionado todos los problemas con ATB, el juego era bueno, lleno de guiños nostálgicos, entretenido, y todos fuimos felices. Es ahora, varios meses después, que uno puede hacer un descargo crítico en frío, sin embargo.

Y la verdad, sigue siendo mediocre.

Cada acción tiene que llamar al servidor, asesinando por completo cualquier plan de datos. Estabas en el metro y se cortó tu conexión? Mala suerte, HOME SCREEN. Tu teléfono tiene poco espacio? No hay problema, iremos borrando los datos (que superan el GB por cierto), y re-descargándolos constantemente (espero que tengas un plan ilimitado). El crecimiento de las cosas es más que exponencial — subir de nivel 1 a 40 es igual de dificil que de 40 a 50, y aun más dificil es subir de 64 a 65. La compatibilidad en Android es muy baja, y plagada de errores. En fin, el juego es objetivamente malo. La única conclusión es que los fanáticos están desesperados por más Final Fantasy, y en vista de que el FFXV sigue sin noticias concretas de lanzamiento, quizás Square esté al filo del abismo.

Si quieren revivir momentos pasados, vuelvan a jugar a los juegos reales.

-Espacio